
Había una vez hace muchos años en un país muy lejano un
reino en el que vivían felices el rey Luis y su mujer, la reina. Eran unos reyes jóvenes y se
adoraban el uno al otro. Hacía poco que habían contraído matrimonio cuando una
mañana de primavera recibieron la maravillosa noticia de que estaban esperando
un bebé. Pasaron los meses de embarazo y los reyes estaban cada día más
enamorados y más ilusionados esperando la llegada de su tan querido bebé. Una noche
fría de invierno, mientras se desataba una tormenta de nieve, la reina se puso
de parto. El parto se complicó y aunque las matronas pudieron salvar al bebé
nada pudieron hacer por la vida de su querida reina. Cuando al rey le
comunicaron el fallecimiento de su esposa pidió que le dejaran ver al bebé. Era
una hermosa niña de cabello negro y ojos azules como su madre. A la niña la
llamó Lara.
Pasaron los años y Lara crecía sana y hermosa jugando en los
jardines de palacio. El rey Luis y la princesa disfrutaban mucho uno del otro y
pasaban todo el tiempo que podían juntos. Cada año, cuando llegaba la fecha del
cumpleaños de Lara, el rey le decía a la princesa que le pidiese lo que
quisiera. Cuál fue la sorpresa del rey cuando Lara en su cuarto cumpleaños le
dijo que lo que quería era tener una mamá.
Después de sobreponerse a la curiosa
y poco esperada petición de su hija, el rey Luis decidió ponerse manos a la
obra. Durante una semana organizó bailes en el palacio para poder conocer a las
distintas princesas casaderas de los reinos cercanos. En uno de esos bailes conoció a una princesa bella
e inteligente como ninguna que se llamaba Elena. Se enamoraron en el mismo
instante en que se vieron y pocos meses después anunciaron su compromiso.
La reina Elena adoraba a Lara y enseguida se
empezaron a querer y a tratar con sincero amor y respeto. Se las veía jugar a
menudo juntas y Lara acudía a ella en cuanto le surgía cualquier problema para
buscar refugio y protección. Donde la reina y la princesa pasaban mayores horas
era en la biblioteca real, donde la reina Elena le leía todos los cuentos y
libros que allí se encontraban y Lara disfrutaba dejándose llevar por la imaginación
con dichos relatos. Pasaron los años y Lara era ya una joven de casi 18 años
cuando la reina Elena se quedó embarazada y dio a luz a una niña. No podían ser
más felices.
Pero esa felicidad no duraría para siempre.
Una bruja del reino,
llena de celos y de envidia por la felicidad que rebosaban sus reyes, lanzó una
maldición sobre las mujeres de la familia real. La princesa recién nacida falleció
a los pocos días de haberse lanzado la maldición y seguidamente la reina cayó
enferma. El rey Luis, viendo como su familia se deshacía se reunió con su hija
y le dijo que tenía que irse del reino. Lara no quería, le dolía en el alma
abandonar a su padre y a la mujer que la había criado y a la que quería como si
de su madre se tratase. Así que antes de huir le pidió a su padre que solo se
iría si le daba algo de cada uno de ellos para poder llevarlo siempre con ella.
EL rey accedió y le dio tres objetos. Lo
primero que le dio fue una cadena plateada que el rey siempre llevaba consigo y
se la puso a la princesa en el cuello. De su recién fallecida hermana le dio la
pequeña medalla dorada que le habían regalado el día en que nació y de la reina
Elena le dio un abrigo de mil pieles que la protegería y la arroparía igual que
la reina lo había hecho con ella.
Esa misma noche la princesa Lara arropada con el abrigo y
con los dos amuletos que le había dado su padre, huyó en la oscuridad de la
noche del hechizo de aquella malvada bruja.
Lara se adentró en la oscuridad del bosque y corrió durante
toda la noche sin mirar atrás mientras las lágrimas rodaban por su rostro. Ya
había perdido la noción del tiempo que llevaba corriendo cuando comenzó a
amanecer y, completamente desfallecida, buscó un hueco en un tronco de un
árbol, se arropó con su abrigo de mil pieles y cayó rendida. Así estuvo
corriendo durante varias noches hasta que una mañana en la que ya no podía más
le pareció escuchar el sonido de agua corriendo y siguiendo el sonido llegó
hasta la orilla de un riachuelo. En cuanto vio el agua se tiro al suelo de
rodillas y comenzó a beber y a refrescarse. Estaba tan ensimismada disfrutando
de ese momento que no se percató de que una mujer se acerca a la orilla donde
estaba ella. Cuando la mujer la vio, fue a acercarse a ella pues la vio sucia y
desaliñada. En ese momento Lara, asustada, se puso la capucha de su querido
abrigo y bajó la cabeza para evitar ser reconocida. La mujer le preguntó varias
veces su nombre y procedencia pero no consiguió sacarle una palabra a Lara. Aún
así, viendo lo joven que era y lo asustada que estaba le inspiró ternura y la
mujer se la llevó con ella. Lara iba caminando al lado de la señora por el bosque
cuando de repente entre los árboles apareció un espléndido castillo. Al
principio Lara se asustó pensando que habían vuelto a su castillo y que la
maldición iba a caer sobre ella pero pronto se dio cuenta de que ese no era su
reino.
La mujer que se había apiadado de ella trabajaba dentro del
palacio y consiguió un puesto para Lara como criada. Lara comenzó a trabajar
allí limpiando los suelos de aquel enorme palacio. Eso sí, su abrigo y sus
amuletos iban siempre con ella y solo se los quitaba en el momento del aseo. Aquel
palacio pertenecía a un joven rey que se llamaba Pablo que vivía allí con su
pequeño hijo que se llamaba Iván. La reina había muerto pocos meses después del
nacimiento de Iván en un trágico accidente.
Un día, mientras arrodillada limpiaba el suelo de la sala de
juegos, escuchó el llanto de un niño. Siguiendo el sonido del llanto se
encontró en un rincón de una de las salas a un niño de no más de 2 años
llorando desconsolado. Se acercó a él y le preguntó su nombre. El pequeño le
dijo que se llamaba Iván con lo que Lara en seguida se dio cuenta de que tenía
ante ella al joven príncipe del castillo. Le preguntó que qué le pasaba y el crio
le dijo que se había perdido y que tenía miedo de andar solo por el palacio. Lara,
para tranquilizarle, le contó un cuento de los que la reina Elena le solía
contar a ella cuando era pequeña y consiguió entretener a Iván y hacer que se
olvidase del disgusto. Cuando terminó el cuento Lara buscó en uno de los
bolsillos de su abrigo de mil pieles y sacó la medalla dorada que le había dado
su padre el rey Luis y se la dio a Iván.
Le dijo que la llevase siempre en un bolsillo y que cuando tuviese miedo la
apretase con fuerza para acordarse de ella y así sabría que no estaba solo, que
ella estaba con él. El pequeño se levantó del suelo, le dio un beso en la
mejilla y, apretando la medalla, se fue.
Una noche, cuando los sirvientes, entre los que se
encontraba Lara, estaban terminando de limpiar el salón donde había cenado el
rey Pablo, volvió a escuchar el llanto del niño. Procedía de la habitación de
Iván. Lara no pudo evitar abrir la puerta y acercarse a la cama del pequeño que
estaba sentado llorando. El pequeño príncipe le contó a Lara que había tenido
una horrible pesadilla. Lara cogió al niño entre sus brazos y el contó un
cuento sobre hadas buenas y consiguió que se relajara. Cuando Iván ya empezaba
a conciliar el sueño, Lara se quitó la cadena plateada que le había dado su
padre y que ella llevaba al cuello y se la puso a Iván susurrándole al oído que
cuando tuviese pesadillas aquella cadena iba a hacerle recordar que ella era su
hada buena y que nada debía temer. Cuando el joven príncipe estuvo dormido,
ella se volvió a poner la capucha de su abrigo y salió sigilosamente de la
habitación.
A partir de aquel día, el pequeño Iván la buscaba casi a
diario por los pasillos de palacio para sentarse con ella y que le contara una
de sus maravillosas historias. Los dos disfrutaban mucho de la compañía del
otro. Un día, estaban los dos, el
pequeño príncipe y Lara sentados en un rincón de la biblioteca tan ensimismados
en el cuento que Lara le estaba contado que no notaron que alguien entraba en
la sala. Cuando Lara notó que alguien les observaba levantó la mirada y se
encontró con un alto y apuesto joven que apenas tendría unos pocos años más que
ella. Cuando iba a decirle algo, Iván saltó del regazo de Lara al grito de
¡Papá!. Fue cuando Lara cayó en la
cuenta de que ese alto y apuesto joven que tenía ante sus ojos era el rey Pablo.
Volvió a bajar la mirada al suelo y aprovechando que padre e hijo se daban un
abrazo comenzó a abandonar la sala. Justo cuando estaba de espaldas a ellos el
rey dijo:
-"Por fin conozco a la misteriosa mujer que tiene a mi hijo
encandilado. El príncipe habla constantemente de usted y de sus cuentos."
Lara se paró y se giró hacia donde rey y príncipe se
encontraban, pero seguía sin levantar la cabeza que tenía cubierta con la
capucha del abrigo. El rey insistió:
- "Quería darle las gracias por todo. Sus amuletos
han hecho que mi hijo pierda muchos de sus miedos."
Cuando ya Lara se repuso del shock del momento, logró decir:
- "Es un niño maravilloso, tiene usted mucha
suerte."
El rey, que seguía sin poder verle la cara a Lara se acercó
a ella y lentamente le retiró la capucha. Delicadamente levantó la cara de Lara
y por fin se pudieron mirar a los ojos. El rey Pablo no podía esperar encontrarse
con una mujer con una belleza tan especial. Cuando estaban los dos mirándose a
los ojos apareció el pequeño Iván y tirando a Lara de la parte de debajo de su
abrigo le suplicó que terminase de contarle el cuento que la entrada de su
padre el rey había interrumpido. Lara se sentó en el suelo con el crio y
terminó de contarle el cuento mientras no podía dejar de mirar al rey Pablo y
el rey Pablo a ella.
A partir de ese momento Lara, el rey Pablo y el pequeño
príncipe Iván se volvieron inseparables. La princesa Lara le contó al rey Pablo
la verdad de su procedencia. Pocos meses después anunciaron su compromiso y fueron felices para siempre.
Argumentación sobre los cambios realizados.
La adaptación del cuento la dirigiría a alumnos de tercero de Primaria ya que en la etapa imaginativa en la que se encuentran unos de sus temas favoritos de lectura son los cuentos folklóricos y por otro lado precisan de un argumento completo con su planteamiento, nudo y desenlace.
He intentado respetar los elementos principales del esqueleto de la versión
de los hermanos Grimm:
- la protagonista es una adolescente
que ha vivido durante su infancia protegida y feliz en su núcleo familiar.
–Por las circunstancias que la
rodean, se ve obligada a abandonar el núcleo familiar.
- Sale al bosque, a realizar un viaje iniciático hacia su vida adulta.
- Esconde su verdadera identidad bajo una capa.
- Tiene que realizar tareas que no son propias de su condición.
- Encuentra el amor y forma un núcleo familiar feliz.
Los cambios que he realizado son:
- La familia que forma el núcleo familiar de la princesa no es una familia estándar
sino que sería lo que ahora se conoce como familia reestructurada, habiendo una
hija de un matrimonio anterior y naciendo también una nueva hermana. Creo que
hoy en día es muy frecuente este tipo de familias y quería que apareciera en el
cuento por un lado para darle un toque de “normalidad” y por otro porque es
bastante probable que se parezca a la que pudieran tener los alumnos de sexto
de Primaria.
- He eliminado el tema del incesto ya que me parece que era inapropiado e
innecesario tratar y poner este tema sobre la mesa en chavales de esta edad.
- Por otro lado he metido la figura de la madrastra buena ya que me parece
que no es positivo malignizar siempre la figura de la mujer en los cuentos y
creo que este personaje de la reina Elena le da un toque de ternura y bondad a
la historia que puede ser muy beneficioso para los niños.
- En vez de recibir la princesa varios regalos de la
madre, los he cambiado por recuerdos que la princesa le pide a su padre de cada
uno de los miembros de la familia.
- He añadido en esta adaptación un personaje que es el
del príncipe Iván. Creo que esa relación entre el niño y la princesa es una
relación pura sin trasfondos ni otras intenciones más allá que el disfrute de
la propia compañía del otro y me parece un ejemplo de relación de “amistad”
para los niños de esta edad.
Hola Nuria,
ResponderEliminarMe ha gustado la adaptación que has hecho del cuento que nos contó Irune.
Has respetado el esqueleto del mismo. Me parece muy original y atrayente la idea de poner una madrastra "normal", hoy día por la forma en que se componen las familias hay niños que conviven con las parejas de sus padres y madres. Esto les haría variar la opinión de madrastra igual a persona perversa que hasta ahora se da en todos los cuentos.
Opino que la edad para hablar del incesto no es adecuada, por lo que me parece muy bien que hayas cambiado el motivo de abandono del hogar.
La figura de la bruja le da un toque de fantasía, muy importante en los cuentos folclóricos.
Me gusta como has utilizado los objetos para acercarte al niño, del que al final tu protagonista será madrastra.
Coincido contigo en todo excepto en que el esqueleto no está cambiado, Beatriz. Echa un vistazo a lo que le he comentado a Nuria para que tú también aprendas.
EliminarMe parece un trabajo fantástico!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu adaptación del cuento y creo que los cambios son apropiados para la edad.
Muchas gracias!!
EliminarLee lo que le he escrito a Nuria, Rodrigo. Como le comento a Beatriz todos tenemos que aprender de los aciertos y de los errores de los demás.
EliminarEsta genial Nuria!!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho sobre todo que des la vuelta al prototipo que se tiene de madrastra mala, como bien dice Beatriz en nuestros días muchos niños conviven con alguno de sus padres y sus parejas lo que considero importante que no piensen que siempre son malas, sino que puede complementar, nunca sustituir la figura del padre/madre.
Por otro lado no se si al cambiar del cuento original que la chica huya voluntariamente a que se marche por recomendación de su familia se respeta la estructura... a ver que dice Irune.
Y ya por ultimo creo que este cuento se podría adaptar a niños desde 9 años (3º primaria) ¿como lo ves tú?
Genial trabajo compi!!
Hola Paloa!Muchas gracias por tu comentario. He estado mirando lo de que se podría adaptar a niños de tercero de primaria y efectivamente tienes razón.Gracias!! Ahora mismo lo cambio y pongo las justificaciones oportunas :)
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe parece buena idea la adaptación del cuento introduciendo a una familia con madrastra buena ya que es verdad que actualmente cada vez hay más familias así.
ResponderEliminarYo cuidaría algunos detalles de la escritura, hay algunos errores sin importancia pero que debes cambiarlos como por ejemplo en la frase: antes sus ojos (sobra una s) o se la dio al Iván (sobra la l). Y también, pondría entre comillas las frases que los personajes dicen.
Por otra parte, yo cambiaría, cuando hablas del abrigo, mil pieles por todo tipo de pieles ya que el cuento original se llama así. No digo que esté mal pero yo creo que mantendrías la esencia del cuento original. Quizás lo hiciste por algo especial.
Por lo demás, me gusta los elementos que has mantenido del cuento original. ¡Buen trabajo!
Hola Carmen. Muchas gracias por pararte a leer el cuento de una manera tan detenida. Da gusto saber que después de dedicarle tanto tiempo viene alguien detrás que le dedica también un poco de su tiempo para leerlo, valorarlo y darte esos pequeños retoques para mejorarlo un poquito más. Ya he modificado los errores de la escritura que me decías (mira que lo leí mil veces antes de publicarlo en el blog, pero al final siempre se nos cuelan cosas ;) ). Lo del abrigo de mil pieles en vez de toda clase de pieles lo hice simplemente por diferenciarlo del texto original, respetando siempre la estructura pero haciendo esas pequeñas variaciones. Muchas gracias por tu comentario y por tus opiniones. :)
EliminarFíjate tú, Carmen, que lo del abrigo de miel pieles me había encantado... :)
EliminarBuenas indicaciones por lo demás. No obstante, lee mi comentario a la actividad de Nuria.
Un cuento preciso, Nuria, con esa magia legendaria de los relatos folclóricos.
ResponderEliminarHay algunas cuestiones que no respetan el esqueleto (los motivos y las funciones) del que os conté en clase:
1- Tu princesa no huye del castillo por voluntad propia al verse incapaz de cumplir lo que le exige un miembro de su familia sino que es el rey quien la expulsa. Y los regalos que solicita no son para retrasar el cumplimiento de ese deseo mandato, sino para llevar un recuerdo consigo.
2- En tu historia, Lara no juega con una doble identidad como hace Toda clase de pieles. Todo el rato está disfrazada y el rey no tiene que hacer nada para "conseguirla" más que seguir a su hijo si quiere encontrarla. Por otra parte los objetos los entrega "a cara descubierta" y el niño siempre sabe quién se los ha dado. La gracia -y la esencia- de Toda clase de pieles es que el príncipe descubra que la cocinera y la bella dama que baila con él son la misma persona y cómo ella se lo pone complicado y lo mentiene todo el tiempo intrigado -y entregado- a la misteriosa joven.
En general, tu Lara no se define por su ingenio (como Toda clase de pieles) sino por su bondad para con el niño. Son dos personajes diferentes.
A pesar de eso, no me parecen cambios difíciles. Incluso respetando el personaje del niño (que me ha parecido un elemento precioso)... no te voy a dar pistas, pero a mí se me han ocurrido un par de posibilidades según lo leía...